El Negro de Beatriz Zamora 2024-2025

 El Negro de Beatriz Zamora

2024-2025

 


Beatriz Zamora es una figura radical en el panorama de la pintura contemporánea, en la historia del arte moderno y contemporáneo que va de Malévitch a Ródtchenko, de Alberto Burri a Lucio Fontana, pasando de Ad Reinhardt, Frank Stella, los minimalistas. Junto a Piero Manzoni, Umberto Mariani y Pierre Soulages. Al decir de Gérard-George Lemaire, esta historia no ha dejado de enriquecerse y ha estado marcada por el deseo de abordar una experiencia bien definida a través de la investigación del monocromo, …y lo sublime. A ello Beatriz Zamora ha consagrado su vida y donde El Negro le es suyo.

Por su propia deriva existencial, El Negro de Beatriz Zamora hoy está inscrito en la historia de larga duración. Beatriz Zamora lo inicia en México en 1977. Antes, se escuchó en el mundo, más allá del arte: The black is beautiful. La excepcionalidad performática de su obra plástica consiste en haberla realizado, más allá del tabú patriarcal en Occidente y su sentido de vacuidad obtusa. Su radicalidad estética logró penetrar el mundo desde la materialidad plástica, para manifestar las profundas relaciones humanas.

Desde su origen y con su serie La Tierra, como precursora entrañable e iconoclasta de 1976-1977, inicia simultáneamente una conversación ética con la matriz civilizatoria milenaria de México y de nuestra América Latina profunda. Beatriz Zamora lo ha hecho y acompañado amorosamente, durante todo este periodo histórico que emergió entonces y que toca a su fin, con todas sus consecuencias desatadas. Esto permite redirigir por naturaleza propia, la mirada de El Negro a la conversación profunda con los otros pueblos del mundo que siempre han estado ahí, cuidándolo y conversando con él, en su respuesta humana planetaria, en el presente.

Francisco Hernández Zamora.

Texto de sala.

03-06-2024




El Corazón de la madre oscura

Del corazón de la madre oscura
al corazón de la Tierra
del corazón del amor
al corazón de mi vida en la vida.


Dios mío, destroza mi corazón 
de tal forma que quede espacio libre 
para el Amor Infinito
Oración sufí.

Desde el momento en que vi el tzompantli, la primera necesidad fue encontrar de alguna manera el equivalente que me acercara a ese espacio sagrado. Después de muchos años de buscarlo, el corazón me reveló su contrario. 

La historia del hombre es un homenaje a la guerra, un culto a la muerte, y la única certeza que posee en la vida es la muerte. Creo que ahí está la raíz del problema y de todas sus consecuencias negativas. La muerte es una creación del hombre, gastada por el miedo, como todo lo existente: la venganza, la duda, la avaricia: Propongo un cambio: la muerte por la vida. Desestigmatizar la vida, dejarla fluir sin condiciones ni límites, aprender a pensar con libertad, sin miedo. La premisa fundamental para la evolución en toda actitud de renovación es desmitificar y razonar en conciencia y comprender las edades de la revolución. 

Estamos a un paso del año 2,000; la entrada en él debería tener una propuesta más humana-cósmica. La vida es eterna a pesar de nuestra obstinación por encontrar evidencias de muerte o de fin aun en el universo. La verdad es que no podemos comprender la vida al infinito por tener presente la muerte. Solamente tenemos una solución, aunque siempre pensamos que tenemos dos o más: volver a nuestro yo verdadero, reconocer nuestro origen. Somos hijos del universo, del amor que es la vida; somos hijos de la sabiduría cósmica, somos todo en el mundo. Por eso propongo cambiar los valores: vida-amor igual a eternidad. Volver a darle a la vida corazón, con nuestro propio corazón, recuperar el valor de la vida, oír la voz del corazón, recuperar la esperanza. El universo es nuestra casa.

Beatriz Zamora.




Al negro

 

                    Por Beatriz Zamora

 

 

Para nombrarte

habría que tener lengua de fuego,

boca de lava ardiente y esperanza de gusano,

para decirte tu nombre

habría que besar humildemente la tierra

y pedir perdón.

Para nombrarte a ti

tendría que hablar de todo,

aprender a callar

y oír el silencio.

Convertirme en el todo

para reducirme a la nada.

Decir tu nombre

es aprender a decir sí, al oír el corazón.

 

Decirte a ti

es cantar el canto no cantado,

llevarte

 traerte

ir y venir subir y bajar

es todo al mismo tiempo.

Quiero decirlo, pero cómo tocarlo,

decir tu nombre es principio y fin

es esencia y o tu nombre

es amor y es eternidad

cómo aumentarme al absoluto

o cómo disminuirme también; cuál aliento,

con qué amor

con qué dulzura tierna

¡oh amado puedo nombrarte!

con que felicidad puedo decirte gracias.

 

Que manos puedo mostrarte

con qué piernas y pies

puedo pararme ante ti para alcanzarte;

para decirte qué infinito puedo usar

para nombrarte, cual oscuridad me acerca a ti

con cuál negrura puedo amarte

con qué pureza puedo sentirte.

 

Decir tu nombre es recuperar la esperanza

como el relámpago que ilumina el instante

y para el corazón con el asombro,

y recuerda el poder. Decir la fuerza

es hundirse en el terror,

sentir el poder;

es tomar dimensión,

es dejar de saber.

 

Para decir tu nombre

tendría que dejar de entenderte

no ser y ser

decir tu nombre,

es sentir correr el agua en su suave desliz o contemplar la fuerza huracanada.

 

Yo vine aquí a decir tu nombre,

convirtiéndome en hoguera,

en ceniza, en partícula de negro de humo.

Y si aglutino millones de millones de años luz,

y de partículas de negro de humo y de carbón

y si me hundo y me tizno toda,

y si tomo tu obre y tu materia,

tal vez si digo: al final

eterna eternidad,

bajo tu nombre estoy, en ti vivo.

 

Para decir tu nombre, vine.

 






 
José María Espinaza. Conferencia de prensa. Participación. 27 de agosto de 2024 








 

Tríptico
tiraje: 4,500 ejemplares



QR de sala. 
Link a texto. Pdf 
 
 

El Negro. Políptico -corazones- 
(20 cuadros de 60 x 50 cm.)


 
El Negro. Políptico -obsidianas- 
(15 cuadros. 3 de 60 x 50 cm. y 12 de 25 x 25 cm.) 
 


La Tierra #4. Beatriz Zamora, 1977.
Mixta/tela, 3.00 x 1.50 m. 


El Negro. Políptico -neoyorquinos
(13 cuadros. 2 ovalados, 6 redondos, 5 triangulares)


El Negro –Neoyorquinos–. Políptico.
Sala Benito Juárez –Cueva ancestral–. 


El Negro #1104, Beatriz Zamora. 1994. 
Mixta/triplay. 1.50 x 1.00 m. 
Planteamiento: Prehistóricos



Conversación horizontal de El Negro de Beatriz Zamora 
y los referentes culturales ancestrales del México profundo
 y su matriz civilizatoria de la Mutua crianza. 
Cueva ancestral. Sala Benito Juárez. 
Museo de la Ciudad de México. 


Quechquemitl ñhañhu
Hito civilizatorio (sic) del México profundo para el mundo. 


El caso de Beatriz Zamora y su Negro como pluriverso de planteamientos, caminos infinitos, tiene que ver con eso que llamo la conversación horizontal con nuestra propia matriz civilizatoria de esta región del mundo. Tener ella, ese referente propio tan profundo, como impronta estética infantil, en condiciones extremas y paradójicas de supervivencia, ayuda a comprender su posibilidad humana universal entrañable y vigente. Donde ese concepto de lo 'sublime' está anclado en la propia Tierra y la vida, con todo su poder, conectado amorosamente al Cosmos.
 
 Francisco Hernández Zamora
 

Encuadre estratégico: el corpus de obra El Negro de Beatriz Zamora, en la perspectiva psico-social de la política cultural mundial.




CLIP VIDEO 

El Negro de Beatriz Zamora 2024-2025. 

 
 León Bernal.Clip de presentación.  Exposición en el Museo de la Ciudad de México, del 24 agosto de 2024 al 30 de marzo de 2025.

Una experiencia de compenetración con la obra de la maestra Zamora y a su fuente de vitalidad, de la tierra al cosmos.


ACTIVIDADES 






#CharlaVirtual El Negro de Beatriz Zamora en el marco de la exposición homónima. 

Participantes:
Pilar Villela 
Cristina Sandoval 
Francisco Hernández Zamora 
Modera: Victor Sánchez Villarreal








Visitas acompañadas de grupos de visitantes. 


100x100. Beatriz Zamora. 
Presentación de los tres tomos 
Beatriz Zamora, José María Espinasa Yllades, José Ángel Leyva y Francisco Hernández Zamora.






 
 


La artista plástica muestra su visión abstracta y cósmica del mundo en el Museo de la Ciudad de México. En 94 obras, somos testigos de la profundidad de la mirada.
 
 
José Ángel Leyva. 2024-11-16 Milenio.

La exposición El Negro de Beatriz Zamora, inaugurada el 24 de agosto en el Museo de la Ciudad de México, permanecerá abierta al público hasta el 30 de marzo de 2025. Se trata de una generosa muestra que permite al espectador reconocer la relevancia estética de esta obra abstracta que se concentra exclusivamente en el negro, no solo como pigmento y material sino como lenguaje, dimensión plástica y espiritual, representación cósmica en el quehacer artístico de Beatriz Zamora. Noventa y cuatro obras de diversas dimensiones, en las que destacan más de treinta de gran formato, de 3 x 1.5 metros, constatan cómo el negro revela sus diversas concentraciones y su amplitud de registros cromáticos, brillos y texturas.

A propósito de esta exposición, el Museo ha retomado la lectura de los tres volúmenes de 100 x 100, publicado en 1998, para mostrar el trabajo en papel, lo más próximo al dibujo tradicional, aunque no lo es porque utiliza muchos recursos que desbordan el concepto de la línea, pero se queda en los márgenes de la expresión gráfica. La artista mexicana, de 89 años de edad, mantiene aún su disciplina creativa, fiel a su determinación de consagrarse al arte abstracto, desde que obtuviera el Premio Nacional de Arte del Salón de Artes Plásticas 1978, cuando un grupo de colegas inconformes intentó destruir la obra ganadora y amenazó su integridad física. Pero esos artistas no pudieron destruir el cuadro, ni siquiera hacerle daño; tampoco pudieron impedir que Beatriz Zamora sea parte del canon de las artes plásticas de México.

La obra de Beatriz Zamora suscita dos reacciones inmediatas: incredulidad y asombro. La primera porque es autodidacta, no proviene de la enseñanza tradicional, académica de las artes plásticas. La segunda deriva al constatar la fuerza, la armonía, la belleza y el desafío de su obra concentrada en el no color, en el negro, que en sus manos es una determinación ética para elaborar un discurso estético en el que concentra vida y muerte. El quehacer artístico de Beatriz Zamora no se inscribe, aunque se pretendiera clasificar, en ninguna escuela o movimiento estético de y en México. Es un camino individual, solitario, no exento de resonancias vanguardistas y de referencias clásicas, de diálogos con grandes pintores que han explorado las dimensiones expresivas del negro. Beatriz Zamora se ha constituido a sí misma en esa noción cromática y filosófica de la oscuridad, de la astronomía del alma, del olvido que echa luz en la memoria.

Había escuchado de manera aislada su nombre y ciertas referencias a su obra, pero el me habló por primera vez de la importancia de su trabajo fue Leonel Maciel, quien había realizado una serie pictórica en homenaje a Miguel Ángel Asturias, a la que tituló, como la novela del Premio Nobel de Literatura, Mulata de tal. La obsesión de Leonel por el negro me llevó a elaborar un relato en el que él se convierte en personaje en busca del negro absoluto y se refugia en el Cerro de los Brujos, en las proximidades de su natal Petatlán. Luego de intentar infructuosamente con diversas materias orgánicas y pigmentos minerales, con tierras, admite su derrota. Pero tiene un sueño en el que se le aparece un diablillo llamado Flamita, que es tan bello que parece un ángel. Flamita no encarna el mal, sino el juego, la imaginación, el deseo. Le muestra las profundidades del negro en sus diversas graduaciones e intensidades, para demostrarle que el negro no es ausencia de luz, sino otra forma de ver desde el fuego de la mirada. Leonel admite que no fue capaz de internarse más en esas profundidades plásticas, aunque realizó algunos cuadros en los que muestra los distintos niveles del negro. Me contó entonces que Beatriz Zamora había penetrado en esos abismos. “Ella es la maestra del negro”, me dijo perentorio.

No sé cuántos años demoré en encontrarla. Una ocasión conversaba con Beatriz Hernández, colega en la UACM, a propósito de la obra de su padre, José Hernández Delgadillo, y de la pintura mexicana. Le comenté que entre los grandes artistas mexicanos me faltaba conocer a Beatriz Zamora, la sacerdotisa del negro. Con mucha naturalidad, me dijo que podría conseguirme una cita, pues era su madre. Entonces reparé en sus dos apellidos: Hernández Zamora, hija de Hernández Delgadillo y de Beatriz Zamora. Con mucha generosidad, Beatriz Hernández me obsequió los tres volúmenes de 100 x 100 y me prestó un libro de Eduardo Rubio: Historia de una artista excepcional, publicado en 1998 por ediciones Castillo.

Fueron dos sesiones en la casa-taller de Beatriz Zamora. Con mucha generosidad me habló de su biografía, de su compleja infancia y de su precoz arribo a la maternidad y a la vida adulta, de un largo y azaroso camino por la adversidad de ser mujer en un país machista. Después de esas charlas y lecturas del texto, entendí que no es casual el encuentro de Beatriz Zamora con el negro. Su búsqueda y su pasión creadora se guían por el “no saber sabiendo” de San Juan de la Cruz. Es en esa premisa donde la artista ha encontrado la iluminación de ese territorio espiritual en el que identifica su arte: el negro. Pero la oscuridad no del lado del mal, de la destrucción, del odio, sino en el seno del amor, en el humus donde la vida dialoga con la muerte, en la comprensión del instante que se enciende en la oscuridad para luego encontrarse de nuevo con esa misma oscuridad. La poesía, afirma Juan Gelman, es lengua calcinada; el arte también nace de ese mismo principio: lenguaje calcinado.

Regresando a 100 x100, diría que es una audacia editorial a la altura de la obra de Beatriz Zamora, que contiene una mezcla de reflexiones críticas sobre su trabajo, una muestra muy abundante de sus dibujos concentrados en tres años de labor: 2007, 2008 y 2009. Tres pesados volúmenes la integran, no obstante su apariencia ligera, al prescindir de la pasta dura para soportar el gramaje de sus hojas couché blancas. Sobriedad y elegancia dan paso a los ensayos, a los pensamientos de la artista que acompañan sus dibujos, sus manchas, rayas, líneas esgrafiadas, trabajos oscuros sobre superficie blanca. Los tres volúmenes, editados en el 2009: Los límites del amor infinito, Los siete caminos del corazón, La memoria recuperada, nos guían por los senderos reflexivos y gráficos de Beatriz Zamora en torno al negro, a sus significados existenciales, éticos y estéticos. Y aunque la muestra no nos confronta visualmente con el Negro total, como sucede en sus piezas sobre otros soportes y de dimensiones mayores, nos coloca ante un diálogo entre el pensamiento de la artista y sus ideas sobre lo humano y lo cósmico. La frase de Marc Sagaert “Lo colores también cuentan historias” es muy afortunada para abrir la puerta principal a la comprensión de la trayectoria y la obra de Beatriz Zamora, que él coloca en el plano de la alquimia y la memoria del fuego. Ni él ni Gerard-Georges Lemaire, en el segundo volumen, no solo no regatean reconocimiento y admiración a la obra y a la persona de Beatriz Zamora; por el contrario, la proyectan en el horizonte de los grandes maestros abstractos.

En el primer volumen, plenitud y ausencia intercambian estados emocionales y preguntas desde una perspectiva cósmica, mineral: “Del corazón de la madre oscura nacen las estrellas y todo”, afirma la artista para luego colocarnos en el fundamento de su determinación: “Aferrarse a lo imposible es aferrarse a la esperanza de lo posible, que es el alimento de lo vital”. En esa perspectiva aparece la defensa de los recursos naturales, particularmente del agua, una toma de posición en favor de la justicia, la verdad, la vida; una declaración de rechazo a la precariedad y el miedo: “La pobreza es el despojo del honor”. Llama la atención esta idea porque revela una conciencia social y política. No es remota la posibilidad de que le venga de su relación matrimonial con el padre de sus hijos, José Hernández Delgadillo, quien, a diferencia de ella, plasmó la ideología en sus murales. Beatriz alterna esas reflexiones con denuncias como la masacre de 1968, “2 de octubre no se olvida”, para luego girar y externar su concepción estética y existencial: “La paz se encuentra en la respiración”.

En el segundo volumen destaco el juicio ponderado de Jorge Alberto Manríquez, sin duda uno de los críticos de arte más respetados en México: “Búsqueda y absoluto son dos palabras —que en su limitación— son inestables cuando uno se enfrenta a la obra de Beatriz Zamora […]. La desproporción se nos aparece monstruosa; solo una fe de iniciada puede darle la pureza para acometer la empresa y para suponerla posible”. Seco y descarnado, el ojo de Manríquez disecciona la obra de la artista y la coloca ante su propio desconcierto, porque ve lo posible desde una argumentación que dictaminaría la obra como no viable. Pero está allí, es una realidad. Supongo que eso mismo desataría los demonios de los artistas que pretendieron destruir la obra premiada de Beatriz Zamora en el Palacio de Bellas Artes.

Por último, en el tercer volumen, La memoria recuperada, a mi lectura la guía la convicción de Gerard-Georges Lemaire de que el negro en Beatriz Zamora, además de ser casi una voluntad mística, más que religiosa, se asocia a la melancolía monocroma. Y puede ser porque la propia Beatriz escribe: “La tristeza es la otra puerta de la alegría, la entrada de todos los ángeles”. Porque sus dibujos solo pueden verse sobre la hoja blanca para establecer el diálogo entre la ausencia de luz, de color, y la plenitud. La conjunción cromática nos conduce más al coraje y a la intrepidez que a la negación de la acción por la tristeza. Me parece que, aunque sus textos no pueden calificarse de poemas, hay una intención literaria o estética en ellos. Esa energía que los alimenta, es, sin duda, la misma que aviva su búsqueda insaciable en el no color, en la luminosa oscuridad. Me recuerda las lecciones que narran los alumnos de Gilberto Aceves Navarro cuando los obligaba a dibujar con los ojos cerrados y encontrar allí, en la oscuridad, sus posibilidades creativas, su discurso en la hoja en blanco. Concluyo con un pensamiento de Beatriz Zamora, que dialoga con ese recurso del maestro: “Somos en lo invisible certeza de lo visible. Lo invisible sin luz, sin color, sin forma, le otorga al ser humano el poder de formación en una realidad pletórica sin fundamento ni sentido”.

 





Visita de la #ComunidadUNRC de las Unidades Académicas 
GAM, Santo Tomás, Milpa Alta, Justo Sierra y A distancia. 




MUSEO DE LA CIUDAD DE MÉXICO PRESENTA LA EXPOSICIÓN 

"EL NEGRO DE BEATRIZ ZAMORA"

Secretaría de Cultura capitalina / Publicado el 24 Agosto 2024

 
 





 

 

LOS PULSOS DE BEATRIZ ZAMORA. 
Mauricio Rosas Rubio
 
Obra sonora inspirada en los latidos del corazón de la maestra Beatriz Zamora. 
Presentación de extreno, en el contexto de la misma exposición: 
El Negro de Beatriz Zamora 

RECORRIDO SONORO DE LA *SALA 1* DE LA EXPOSICION " *EL NEGRO DE BEATRIZ ZAMORA* "
 

TITULO DE LA OBRA : *FRACTAL CÓSMICO
AUTOR: MAURICIO ROSAS RUBIO 
 
ESTA OBRA ESTA INSPIRADA EN LOS PULSOS DEL CORAZÓN DE BEATRIZ ZAMORA, EN DONDE SE GRABO EL CORAZÓN DE LA ARTISTA, SE PUEDEN ESCUCHAR DURANTE LA OBRA LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS DEL CORAZÓN DE LA ARTISTA, ASÍ COMO OTRAS FRECUENCIAS ARMÓNICAS DE ELEMENTOS COMO EL VIENTO, Y TODA UNA COMPOSICIÓN MUSICAL Y DE EXPERIMENTACIÓN SONORA.


 OBRA SONORA: DZONOT. RECORRIDO SONORO DE LA SALA BENITO JUÁREZ DE LA EXPOSICION "EL NEGRO DE BEATRIZ ZAMORA"

AUTOR: MAURICIO ROSAS RUBIO 

MAURICIO ROSAS ES UN MÚSICO Y ARTISTA SONORO QUE DISEÑA NUEVAS TÉCNICAS SONORAS QUE ROMPEN Y DESORDENAN LOS SONIDOS PARA ACCESAR AL MUNDO ARMÓNICO QUE CONFORMA CADA SONIDO, EL LO DENOMINA COMO MÚSICA EXPANSIVA. 
ESTA OBRA ESTA INSPIRADA EN LOS PULSOS DEL CORAZÓN DE BEATRIZ ZAMORA, EN DONDE SE GRABO EL CORAZÓN DE LA ARTISTA, SE PUEDEN ESCUCHAR DURANTE LA OBRA LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS DEL CORAZÓN DE LA ARTISTA, ASÍ COMO OTRAS FRECUENCIAS ARMÓNICAS PARA ESTA OBRA SONORA EL ELEMENTO PRINCIPAL ES LA TIERRA, SE GRABO TODA LA BIODIVERSIDAD SONORA DENTRO DE UN CENOTE, LA CUAL SE LLEVO A SU MULTIDIMENSIÓN FRACTAL Y CON ELLA Y SE ELABORO LA COMPOSICIÓN MUSICAL Y EXPERIMENTACIÓN SONORA. LOS CANTOS FUERON GRABADOS POR MARISA DE LILLE.



Al igual que la última sala de la expo en la que se dispuso de dos piezas ajenas a la producción de Zamora, como referentes culturales ancestrales; la proyección de cine se interesa en proponer otras conversaciones con otras culturas de otros tiempos. En sí, el peso de la actividad recae en el intercambio entre el público y los organizadores de la actividad, más que en la proyección misma y los títulos elegidos. De ahí que *sugerimos que se anuncie como tal, cine conversación, sin mencionar los títulos que se proyectarán, usando un emblema africano para suscitar el interés y despertar la curiosidad.*
Lefteris Becerra. lefterisb@gmail.com
 
 

La exposición de la maestra Beatriz Zamora (24 de agosto de 2024 — 30 de marzo de 2025), invita a la compenetración y la reflexión en colectivo.

Una de las intenciones de la exposición es la de provocar la conversación acerca de las posibilidades de su recepción y de la función social de arte, más allá del paradigma de la modernidad (sic). Lo que ya se plantea desde la museografía de la sala B. J., en la que conviven piezas de la autoría de la maestra con otras dos de orígenes y técnicas, adscritas a distintas tradiciones del México profundo.

 

 
 
Películas que recomendamos: 
 

 
Les statues meurent aussi (Las estatuas también mueren) (1953), 
dirs. Alain Resnais, Chris Marker y Ghislain Cloquet, Francia, 30 min. 

Prohibida durante ocho años por el gobierno francés y estrenada después de eliminar diez minutos de celuloide (recuperados en las copias actuales), Las estatuas también mueren explora las implicaciones del expolio europeo de piezas africanas cínicamente exhibidas en sus museos.
 
En dos plataformas:  

 



Dahomey (2023), dir. Mati Diop, Francia-Senegal-Benín, 68 min.

Es noviembre de 2021 y 26 tesoros reales del Reino de Dahomey están a punto de abandonar París para regresar a su país de origen, la actual República de Benín.

Junto con otros miles, estos objetos fueron saqueados por las tropas coloniales francesas en 1892. ¿Qué actitud adoptar ante la vuelta a casa de estas reliquias en un país que tuvo que salir adelante con su ausencia? El debate está abierto entre los estudiantes de la Universidad de Abomey-Calavi.



 
 
 
LE TROU NOIR
CARPETA GICLEÉ. PRESENTACIÓN








Descripción del episodio

A sus casi noventa años, Beatriz Zamora conserva una energía y una lucidez sorprendentes y esto no es gratuito ya que a lo largo de muchas décadas ha navegado a contracorriente en las artes plásticas y eso la obliga a mantenerse alerta. Desde muy joven entendió que su discurso creativo estaba íntimamente ligado al color negro y ha asumido su búsqueda en este color desde un punto de vista filosófico y trascendental. Ha buscado (y encontrado) lo sublime y en su obra plantea la Tierra como origen de todas las cosas y, en sus propias palabras afirma que "el negro es la verdadera esencia de la vida; el espacio poderoso donde está todo". En esta entrevista nos habla de su vida, que ella ha sabido transformar de tragedia en epopeya.




NOTA DE PRENSA 

Periódico La Jornada
Lunes 26 de agosto de 2024, p. 3

En la pintura y el negro, Beatriz Zamora busca lo absoluto y lo infinito


El negro es la verdadera esencia de la vida, que Beatriz Zamora ha impuesto por más de 40 años sobre extensos lienzos, que ahora se exponen en el Museo de la Ciudad de México. De la obra no tengo que decir nada, porque ella dice por sí misma; no puedo inventar cuentos ni historias, sólo decir que esa es nuestra mismidad, de una manera y de otra, y de todas, porque somos así, no somos una sola cosa, sino agua, aire y muchas cosas que no sabemos que son la vida misma, declaró la artista en la inauguración de la exposición El negro de Beatriz Zamora el sábado pasado.

José María Espinasa, director de la red de museos de la Ciudad de México, propuso ver el negro como señal de plenitud, aquella en la que la luz negra vuelve nuestra sombra iluminación.

Afirmó que para Beatriz Zamora el color negro es luz, no ausencia de ella; una luz distinta que llega de adentro del cuadro, de adentro de ella misma, de su entraña. Minutos después, dio paso al recorrido por los monumentales lienzos, mientras una larga fila de asistentes se aglomeró en el pasillo del antiguo palacio para adentrarse en una negritud cósmica y terrosa.

La realización de la muestra tomó un año de trabajo, en colaboración con el curador Francisco Hernández y la coordinadora de la exposición, Beatriz Hernández, ambos hijos de la artista. Uno de los desafíos del montaje fue iluminar el espacio y encontrar la luz adecuada de pinturas que exigen atención.

El negro se repitió en tres salas en la planta alta del museo en el Centro Histórico. El negro es el título de cada obra, y cambia sólo en la numeración milenaria. En el recinto se instalaron 94 obras en técnicas mixtas realizadas a lo largo de 40 años de trayectoria. Texturas rugosas, cordilleras de materia, rayones apenas perceptibles ante el ojo concentrado y brillos celestes se manifiestan en los cuadros de un solo tono.

Un Xochipili (dios de las flores) de piedra rige una de salas, que en su oscuridad busca asemejar una caverna. Zamora toma de la tierra tonos y texturas, mencionó Espinasa sobre los distintos materiales para la obra, como carbón, el barro u obsidiana. La exposición en su conjunto nos pide recogernos y concentrarnos en un ritual, que nos llama a pensar en esta galería casi como templo, expresó.

Al caminar entre la oscuridad simétrica colgada en los muros, se entreveran frases. Una de ellas: Pintar la tierra para mí es una necesidad vital.

Beatriz Zamora (Ciudad de México, 1935) se caracteriza por un continuo ejercicio con la monocromía. En su página oficial de Internet se explica: “El negro no es sino el resultado de una extensa búsqueda filosófica y una experimentación de materiales que tuvo sus inicios en 1963, con el uso de la tierra. Tras haber explorado este material sobre lienzo, en 1977 presentó en el Palacio de Bellas Artes una serie de 500 piezas titulada La tierra”.

En 50 años de carrera prolífera la búsqueda de lo absoluto y lo infinito a través de la pintura, con el uso de paletas monocromáticas empleando el lenguaje del minimalismo.

En la apertura de la muestra, la artista de 89 años llegó acompañada por sus hijos, Francisco, Miriam y Beatriz. En el estrado tomó asiento en pose señorial en una silla de madera. Finalmente, tras la inauguración protocolaria recorrió la muestra, conducida en silla de ruedas.

Espero que la obra les dé algo. Ha sido hecha para todos, no para vender, porque es imposible que una cosa así se venda. Pero eso no importaba, era para México, era para todos; para eso he trabajado. Se los entrego, fueron algunas de las palabras de la pintora.

La exposición El negro de Beatriz Zamora estará abierta al público hasta el 30 de marzo de 2025, en el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez 30, Centro Histórico).




EXCELSIOR
Difusión en la prensa.



ArtNexus
 

24 de agosto de 2024-30 de marzo de 2025


Soy Beatriz Zamora y todo lo que me ha guiado en la vida 
es la esencia cósmica, la verdad, y eso es todo lo que soy
 
 
 







Los mandatarios Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum, conversan en la Sala 1 del Museo de la Ciudad de México. 





Boletín de prensa

MUSEO DE LA CIUDAD DE MÉXICO PRESENTA LA EXPOSICIÓN "EL NEGRO DE BEATRIZ ZAMORA"
 
● La muestra contiene 94 obras de diferentes medidas y técnicas que estarán hasta el domingo 30 de marzo de 2025

● La exhibición cuenta con piezas en diferentes tonalidades de negro, que a lo largo de 40 años, la artista se ha especializado y experimentado

El Museo de la Ciudad de México, recinto perteneciente a la Secretaría de Cultura capitalina, presenta la exposición El Negro de Beatriz Zamora, en la que la artista plástica muestra 94 obras en distintos formatos y técnicas, que son el reflejo de su trabajo durante más de cuatro décadas, y que permanecerán hasta el domingo 30 de marzo de 2025.

En la ceremonia de inauguración estuvieron presentes José María Espinasa Yllades, director General de la Red de Museos de la Ciudad de México; la artista Beatriz Zamora, artista contemporánea nacida en 1935; y sus hijos Miriam, Beatriz y Francisco Hernández Zamora.

A nombre del Jefe de Gobierno, Martí Batres Guadarrama; y del encargado de despacho de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, Argel Gómez Concheiro, Espinasa Yllades agradeció a Zamora por elegir el museo para realizar su exposición con obras que ha trabajado desde 1977.

“Para ella el negro es una luz, una luz distinta que nos llega de adentro del cuadro y adentro de ella misma. Zamora toma de la tierra tonos y texturas, filos y rugosidades. Son unas obras, una exposición en su conjunto que nos pide recogernos y concentrarnos en un ritual y pensar en esta galería casi como un templo. La pintora nos pide entregarnos al vértigo de lo negro en su insondable abismo”, declaró el funcionario.

Mientras que Beatriz Zamora, quien llegó vestida igualmente de negro, agradeció la presencia del público asistente que abarrotó el recinto cultural y mencionó que su trabajo y sus obras buscan llegar a todos y no fin lucrativo.

“De la obra no tengo que decir nada porque ella lo dice por sí misma, yo no puedo inventar cuentos ni historias, solamente decir que esa es nuestra mismidad de una, de otra y de todas maneras, porque somos así, no somos una sola cosa, sino agua, aire y muchas cosas que no sabemos que son la vida misma.

Yo espero que la obra les dé algo. Ha sido una obra hecha para todos, no ha sido para vender, porque es imposible que una cosa así se vendiera pero eso no importaba, era para México, era para todos, para eso he trabajado. Se los entrego”, afirmó. Por su parte, Francisco Hernández Zamora, quien también es curador de la exposición, mencionó que el trabajo de su madre parte de una inspiración de la condición humana y de las culturas milenarias del país.

“Es la historia y el tiempo del Mexico profundo milenario, con eso conversa, y esa fue la raíz profunda desde donde emerge el negro. Beatriz Zamora abrazó esa condición humana profunda de este México para extraer la fuerza vital y con ella expresa no un monocromo, sino una cantidad de planteamientos rizomáticos de las posibilidades de un negro infinito”, sostuvo.

En la exposición se pueden encontrar obras de variedad de medidas y tamaño, que van desde los 15 hasta los 400 kilogramos. Además, son de diferentes materiales de origen natural o mineral como carbón triturado, acerina, turmalina, tierra, barro, obsidiana, entre otros, los cuales generan diversas tonalidades de negro, como aterciopelados, suave, metálico o cristalino.

A lo largo de 40 años, la artista se ha especializado en el descubrimiento del individuo por medio de este color, en el que expresa la finitud e introspección de las relaciones humanas, la conciencia y el universo.

Cabe destacar que la artista estudió en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts, en París, además trabajó con el ceramista José Castaño y con el muralista José Hernández Delgadillo.

Para conocer todas las actividades de la Secretaría de Cultura capitalina se puede consultar la Cartelera de la Ciudad de México (https://cartelera.cdmx.gob.mx/) y las redes sociales de la Secretaría de Cultura: Facebook, Twitter, Instagram y YouTube



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